Cómo ir a una fiesta y desenvolverte en ella: Para un Arruinado

Llega el viernes, sí, día en el que luego de 5 ó 6 horas de trabajo ligero, obtienes no sólo las 19 horas restantes del día, sino que otras 48 más.

Como buen estudiante, al terminar la jornada escolar, te diriges a casa, o a la de un amigo, diciéndote a ti mismo que tendrás un buen descanso. Almuerzas y te diriges a la computadora, a hacer lo que sueles hacer en tus ratos libres, sin embargo, algo no te cierra,  tienes algo pendiente, algo que te impide tener un fin de semana como dios (si es que existe..) manda: Esta noche tienes una fiesta.

Sí, ese rito social en el cual las personas marcan cierto acontecimiento o alguna ocasión específica, como un cumpleaños, agasajo, boda, aniversario, etcétera; reuniéndose y desinhibiéndose o adoptando un rol para la ocasión.  Y no es una fiesta cualquiera, es una mera excusa para decir que una jovencita ya se ha convertido en mujer, sin incluir todas las responsabilidades que esto conlleva. Una suerte de beneficio, cual película pirata, con todos sus pros (Puedes ver la película sin necesidad de pagar la millonada que te costaría el disco original, puedes verla incluso antes de que salga en el cine, etc.) pero también con sus contras (mala calidad de imagen, no tienes todos los extras, etc.). Una fiesta de 15 años.

Ahora, tú sabes perfectamente que no necesitas ir, que es una pérdida de tiempo y que lo pasarías mejor en casa, sacándote la pelusa del ombligo, sin embargo, sientes que tienes la necesidad de ser hipócrita de quedar bien con la cumpleañera de turno. Así que te armas de quinotos y empiezas llamando a tus amigos (omítase este paso si se está en casa de un amigo), para ver quienes van a asistir, para hacer la experiencia menos desagradable. Resulta que tienes suerte, tus amigos irán a la fiesta, algunos por las mismas razones que tú y algunos no, quizá algunos vayan porque quieren divertirse, bailar y demás tonterías nimias cosas. Si nos hiciéramos amigos exclusivamente de la gente similar a nosotros, nuestra especie estaría en vías de extinción.

Como las fiestas vienen de muchas formas y colores, tienes que leer la invitación, que desgraciadamente no botaste al recibir (para por lo menos decir que “se te perdió” y así no asistir al evento), que está guardada entre tus revistas (pornográficas o no) y tus libros (los tienes, eres un arruinado) y leer el código de vestimenta, el cual, generalmente es de carácter formal. Luego de maldecir en las 6500 lenguas habladas en el globo por tener que usar un traje, sí, UN TRAJE, esos que solamente esperas usar el día que te cases (si te casas. Si no, dichoso vos), llamas a tu progenitora, gritando: “Máaaaa” seguido de un rugido gutural digno de Mufasa. Tu madre entra a tu pieza y te pregunta “¿Si? ¿Hijito?”. Tú le preguntas el paradero de tu traje, hecho a la medida que obviamente te durará hasta tus treintaytantos años. Ella te indica que el santo grial, se encuentra en tu ropero. Tú, como buen hijo, le agradeces a tu madre.  Son las 5 de la tarde, así que tienes hasta por lo menos las 7:30 para matar el tiempo, te sientas en el computador y sigues con lo tuyo.

Llega la hora, te desvistes y te diriges a la ducha. Al cabo de 5 minutos, cierras la llave y vuelves a tu habitación para vestirte. Luego de quizás media hora de lucha (con ayuda de tu madre), logras terminar de vestirte. Ya con olor a tu mejor perfume, te falta una cosa, el regalo. Para suerte tuya, recuerdas que estas fiestas no requieren una ofrenda (tu cuerpo no podría soportar tanta falsedad en un día). Llamas un taxi, o esperas a tu madre para que te lleve al salón donde se realizará el festejo.

Llegas al famoso lugar, lo primero que puedes notar es la cantidad de vehículos. Es tanta, que –Creo yo- podría matar a un elefante con solo respirar ese aire viciado lleno de gases. Al parecer no es una fiesta cualquiera. Es un evento de gargantuescas proporciones, más grande incluso, que la toma de mando de un presidente, tanto en la India como en San Marino. Te diriges a la entrada, custodiada por no uno, si no dos gorilas, ellos te piden tu nombre, y tú con recelo se los das. Al cabo de 3 minutos que parecen horas, te dejan pasar.

No podrías haber imaginado peor escenario. Y menos aun, vestido de traje. La anfitriona de la fiesta, vestida seguramente de algún traje estúpidamente feo y ridículo que lo único que hace es mal disimular su falta de atributos físicos (hablaremos de los mentales más adelante), y con eso me refiero a sus dádivas mamarias.

El ambiente está cargado, unas luces que no recuerdan a una discoteca (de esas que uno ve en la zona “alta” de la ciudad, como un boulevard) sino a un antro homosexual de mala muerte (porque buenos deben haber… No, mentira, ni las discos del boulevard, ni las covachas gay son buenas), adornan espantosamente el lugar, que también alberga eventos de magnitudes minúsculas, como la condecoración de gente célebre de la ciudad y cumbres internacionales. Simplemente denigrante. Para rematar, manteles, cortinas y demás tonterías, que no hacen más que recordar al estilo Kitsch, que van en juego con el espeluznante vestido de la cumpleañera, hacen que hasta el más indulgente escape. Simplemente horroroso.

Cuando superas el shock inicial, producto de la decoración (tanto de la cumpleañera, como de la fiesta per se), puedes notar que el salón está atiborrado de gente. Esta es muy variada, por lo que generalmente me limitaría a no describirla, sin embargo, la presencia de algunos personajillos no se puede obviar:

La cumpleañera, ya antes mencionada, está acompañada por su séquito de amigas. Chicas adolescentes, que no son otra cosa, sino chiquillas, que no hacen más que fastidiar.  Entre estos seres extraños, sale a relucir la presencia de alguien, una chica, sí, ESA chica. Esa chica brillante. Tú amas a esta chica, no es de esos amores adolescentes, ya que, aunque lo fueras, el sentimiento por ella es mucho más profundo. El solo hecho de ser amiga de alguien tan poco dotado en lo intelectual, como la cumpleañera, te revela que es tan buena persona (tú desgraciadamente no te puedes jactar de lo mismo), una persona tan paciente, que la hace infinitamente más evolucionada que tú. Por lo que en cuanto a “escala evolutiva” quedaríamos en:

Chuck Norris – Ella – Tú, junto con tus amigos (los inteligentes por lo menos) – Las demás personas del globo.

Los familiares de la anfitriona están sentados en un rincón, se puede destacar a la madre y al padre, que están acompañados de su prole. A los abuelos, tíos y sobrante gente sin importancia para esta narración.

Entre el grueso de la gente, se destaca la participación de dos malvivientes, chaboncitos, cuya mente no da cabida a más de estas tres palabras: “Coito Ergo Sum”. Estos, hablan con pares de chicas de cuanto en cuanto, supongo yo, para ver cuáles son las más estúpidas fáciles, para así poder encamárselas cuanto antes. Nunca están de más las muchachas poco agraciadas, que en vez de sacar a relucir la interesante personalidad que podrían tener (para por lo menos tener un poco de ligue), actúan como las necias ya mencionadas anteriormente. Obviamente, puedo estar generalizando, pero como dije, no me jacto de ser buena persona.

Algo, que no podría faltar es la música… La música… Normalmente no me tomo el tiempo, sin embargo creo que esto lo amerita. Sólo me limitaré a decir, que el más banal de los Reguetónes cubre el fondo sonoro, mezclado, con una suerte de música techno, lo que lo hace, en su conjunto, algo bastante desagradable, que al más propenso a estar triste (dígase Emo) significaría el suicidio.

En todo ese análisis de las personalidades y la música que hicieron de la fiesta una experiencia jovial (Esto es sarcasmo), te encuentras con los colegas, tus amigos. Pasas el resto de la función (porque a tu entender, esta fiesta, es merecedora de ser llamada así, debido a su fuerte parecido con una comedia paródica de la vida en sí) con ellos.  Llega el fin de la fiesta, y tu, ya bastante hartado de esa dosis súper-potente de socialización, vuelves a tu guarida.

Para cerrar esta guía, podemos concluir, que tras haberla leído, nunca más asistirás a este tipo de ritos sociales, porque simplemente no son necesarios para el desarrollo intelectual de un ser humano (Es más, el reguetón degenera ligeramente tu sobrepoblación de neuronas, no creo que quieras perder más).

Puede que quizás no se haya cumplido el propósito de esta guía, no enseñé cómo desenvolverse en una fiesta, pero yo, al ser un arruinado, encuentro que esta es la única forma en la que uno debería comportarse, y tú, al ser un arruinado también, me encontrarás toda la razón.

Published in: on febrero 25, 2010 at 2:44 am  Comments (1)  
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Compra de uno o mas sillp’anchos en el Palacio del Sillpancho, por un Arruinado

Caminando por la acera de la calle Mayor Rocha, cruzas la vía para motorizados, y te das cuenta con un cartel sobrecargado, que has llegado al palacio del sillp’ancho.

Las luces de foco fluorescente, y la gente de adentro, te hacen sentir que entras a un Restaurant meramente pueblerino, como esos que uno encuentra mientras viaja  y para a comer en un villorrio a la rivera del camino.

Así, la puerta de madera, con una amplia vista por el vidrio que lo atraviesa, uno la empuja, cual bar del far west, por las puertas de vaivén.

Un mostrador con una mesada de granito café atendido por una mujer poco o nulamente agraciada o bien mal agradable al ojo cual si fuera macaco probóscide citadino, se vislumbra detrás de seis mesas que por mi extraña y exagerada sensibilidad considero apiladas, cada una mas chica que la otra sin embargo progresivamente mas populadas .

Lo primero que uno siente al entrar, es el choque de un ambiente viciado, de un airecito respirado como tres o cuatro veces por la misma persona, manando una extraña tufancina que mezclada con el olor corporal de sus habitantes genera una experiencia única y digna de evitar. Se huele la comida, la coca cola, el sillpancho tanto de pollo como de res, en su más criolla expresión y como atrayendo a toda clientela de toda edad, color, olor, (y presumo también) sabor, e índole, que se siente presionada, o bien dominada por una voracidad –imagino – infinita. Lugar donde todos pelean por obtener su ración primero. Entre olores a cabeza, y a mal bañado, uno tiene que hacer su pedido, evitando en lo posible darle, por regla, importancia al olfato.

Cuando uno llega a formar la casi infinita fila, (de unas cinco o seis personas) cae en cuenta que hay gente  que como dije antes que no nota tu presencia y se dispone a recibir su porción, casi empujones.

Lo auditivo no es algo de lo que el local no se pueda jactar. Música folclórica sudamericana tocada por alguien que quiere ganarse su vaso de cerveza al final de la velada, es bastante mal afinada, tanto como una guitarra desportillada por el descuido o la ausencia absoluta de cuidado que le dan. A veces pienso que la guitarra se parece a su dueño faltado al respeto por unos parlantes ordinarios manando música de mal gusto que solo acompañan a la hiel sonora del momento. Entre las charlas banales se escuchan diversos timbres de voz, muchas parecidas a las que uno encuentra en un mercado, en un bus de transporte público o en el colegio. Niñas malcriadas por madres solteras y abuelas en la chochera; varias mujeres de diversas edades y procedencias y con rasgos en su mayoría masculinos con disimilitudes mínimas entre ellas, se abren paso entre las voces; cada una más irritante que la anterior asemejándose a las bocinas de un embotellamiento. Por otra parte, maridos gordos y con lentes, frustrados, y con un aire de petulancia haciendo máscara a una mala paternidad, a una vida infeliz y a la frustración de su trabajo, ríen como si no hubiera un mañana. Enamorados con malos gustos, y chicas ligeramente agraciadas -tal vez hasta menos feas que la que atiende- se besan sin pudor. Y hay otros secundarios simplemente siendo y por consecuencia, apestando.

A veces urge escupir.

Cuando por fin tocas el grasiento mesón, para ser atendido de mala gana por dicho primate, uno se siente realizado, sin embargo es costoso y casi imposible realizarlo sin reírte de la falta de estética de la empleada del mediocre local.  Como patada en la ingle llega la noticia de aguardar media hora al pedido. Que por supuesto, no era lo que se esperaba. Repitiendo. Como buen arruinado y asqueado del lugar, con la orden hecha, y después de intercambiar billetes que en su mala recepción y uso parecen trapos, y monedas que se asemejan a níqueles acuñados y nada más que eso, sales airoso del lugar con el pecho henchido, y con las manos meneando. A esperar infinitamente a que el minutero gire media vuelta.

Afortunado de ti, que has traído un amigo, tienes con quien charlar.

Si no lo hiciste, tienes que armarte los Kinotos para entrar a recoger el pedido. Mal no te va a ir, el resultado apenas ha valido la pena, pero no tienes de otra. Exigencias biológicas, en su mayoría ajenas.

De vuelta a sumirte en lo ya descrito, ahora, el tiempo ha perdido jurisdicción, independiente y bloqueado de varios sentidos, el mapa texturizado de todo se encuentra bajo una fina capa de grasa, y las mesas en especifico, mal limpiadas, con olor a vinagre y arroz resbaloso, a carne y papa mal cocidas como en aceite vuelto a usar, no una sino todas las noches de la semana, para más de cien ordenes diarias –o quién sabe cuántas – , están pegajosas, que para el placer de un buen masoquista, una lamida a ella bastará para sanarle.  Las sillas cojas, los focos opacados victimas de polillas kamikaze, reflejando en su opacidad las frentes relucientes, que rendunda en la reflexion de dicho foco, brillan, todos orquestando una tormenta de sensaciones, que al tacto, sería como palpar un batracio con la lengua. Hablando de gusto y cerrando la guía se puede concluir sin catar nada, que todo sabe a lo mismo, grasa, grasa y grasa; con todas las variables posibles, entre ellas, sentadera de silla, vaso mal lavado, y teléfono público el cual lucra como tragamonedas  entre otros  – para hacer hincapié en su variedad- . Sin embargo cuando das el primer bocado al llegar a casa, a tu sill’pancho de pollo, (que por supuesto no era de res porque no quedaba ninguno, que anteriormente era lo inesperado), el sabor no es el de la frente que refleja el foco ni de la mesa grasienta, ni de la empleada antropomórfica, o la guitarra del músico, y menos aun de la suela del zapato de la niña malcriada.

Inconscientemente quieres volver.

Published in: on febrero 10, 2010 at 11:47 pm  Comments (1)  
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El Arruinado

El arruinado, interesante ser, de inteligencia alta, mucho humor, mucha critica.

Interesante dije, como diré, así me lo inventé. Lo narraré en segunda persona normalmente, por cierto complejo de reflexión que tengo. Y sin más aquí lo presentaré

Hijo de dos padres especiales, interesantes, casi tanto como el producto de su última cópula. El padre perfeccionista, detallista, y la madre fácilmente irritable, ninguno de los dos capacitado para criar a un ente tan avanzado como es el arruinado.

El origen de su nombre en mi libro viene de ser el ser que cada uno tiene dentro suyo, un poco de mi, un poco de ti, un poco del presidente, un poco del que camina por la calle, un poco arruinado, todo se arregla.

–          ¿Me hago entender?-

El arruinado ronda una edad indeterminada, muy avanzado para su edad biológica, en cuanto a su psiquis, lo encuentro más o menos, lo que sería un muchacho de unos quince años, con una mentalidad de alguien que ya maduró el doble de su edad. Tal vez hasta un cuarentón, inmaduro podría ser. Pero me gusta más la idea de que sea más niño, explica más, y es por consecuencia más entretenido. Los cuarentones no merecen ser retribuidos por sus aportes al humor, porque todavía no han hecho ninguno.

Inconforme con su entorno, harto de cambios, pero siendo cada vez el mismo –a veces un poco grotescamente-  ,  el arruinado, es un ente inteligentísimo, pienso yo, algo exagerado, temático y contrahecho fisiológicamente como psicológicamente.

Como no he determinado su edad, no sería capaz de describir como se ve. Pero desde que lo llevo dentro, sé más o menos burdamente qué pensaría.

–          Quien pensaría que crear un personaje es tan divertido…-

El arruinado no tiene nombre, solo es EL ARRUINADO porque independientemente de su nombre y su importancia, está el hecho de que tal vez alguien alguna vez lea lo ya escrito, no quiero ofender a nadie, incluso por haber, algunas líneas arriba dicho que el arruinado reside en cada ente, en cada ser y cada persona de este planeta.

Así, en un viaje entretenido, con la óptica del arruinado narraré algunas experiencias y guías que a mi parecer son divertidas, críticas, y muchas veces cínicas.

Nota: A ver si les gusta. Habrán más del “Arruinado”

Published in: on febrero 5, 2010 at 4:19 am  Comments (1)  
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